I

Abrigo

—A ver, Carmencita. Estire su bracito. —Sostenía el abrigo por atrás—. Ahí está. Ahora el otro. El otro…

—Tengo frío —Carmencita movía la cabeza de un lado a otro.

—Es que ya está cambiando el clima. Por eso te estamos poniendo el abrigo. A ver, el otro bracito. —Le ayudó a encajar la mano en la manga derecha—. ¿Ves? Ya no hace tanto frío.

—¿Ya está? —Carmencita sonrió, dejando ver el borde de sus dientes.

—Sí. Ya te vas a calentar. Pero vamos a limpiarte eso. —Le quitó una manchita de labial con una servilleta.

—¿Ya está?

—A ver, sonríe de nuevo.

Esbozó una sonrisa inmensa.

—Ya está, Carmencita.

Carmencita la miró durante unos segundos.

—Gracias, señora. Siento que usted me quiere mucho. —Le agarró la mano con un cariño tímido.

Ella enmudeció. Apretó muy fuerte los dientes para evitar el llanto y se secó el inicio de las lágrimas con la manga de su camisa.

—No sabes cuánto, mamá. —Le cogió ambas manos.

Es una tarde de los años 70 en Lima. Has llegado a casa de Carmencita.

Carmencita está pensando…